Conocí Puerto a los 16 años en un viaje con mi hermana y sus amigas. El autobús que salió de la Central de Autobuses del Sur-Taxqueña, costó $125; éramos estudiantes. Viajamos toda la noche, no sabía a dónde iba, sólo recuerdo que mi hermana me dijo, vamos a Puerto, nos vamos a divertir.
Cuando llegamos, después de 12 hrs, bajamos del autobús en una terminal de terracería, (ahora es el Chedrahui) con un cielo azul súper intenso, tenía una vista increíble, era temprano, así que el sol brillaba sobre el agua, sin saber, había llegado a mi lugar.
Nos instalamos en un lugar hermoso súper rústico, frente al mar, con una palapa enorme y un jardín lindísimo, tenía un faro pequeño y una regadera circular. Si bien es cierto, había viajado con mis papás, acostumbrábamos a quedarnos en hoteles grandes. Esto era otra cosa completamente distinta a lo que conocía. Era Zicatela, una playa larga, con unas olas enormes que nunca había visto; conocía otras playas de la República pero, ninguna como ésta definitivamente, me robo el corazón.
Todos los días caminaba desde un poco antes del hotel Blater, hasta el hotel Santa Fe. Recuerdo que un día antes de terminar la vacación, me paré frente al mar y pensé: cuando sea grande y tenga hijos, yo quiero vivir aquí. Mi sueño se cumplió muchos años después. En 2013 elegimos cambiar de residencia e iniciar una aventura que nos permitiría continuar con nuestros proyectos en un escenario distinto a la selva de asfalto en la que habíamos crecido, la ciudad de México nos invitaba constantemente a vivir nuevas aventuras.


Once años después, nace este proyecto: la oportunidad de compartir este paraíso con todas las personas que quieran vivir una experiencia diferente de descanso y de vida, que quieran conectar con la naturaleza y conectarse consigo mismos. Puerto tiene los brazos abiertos para todos, esta en uno quererlo recibir.

